Obsesionada por vivir otras vidas, por ser otros, pasa las horas y los días indagando en lo ajeno,
queriendo adivinar en qué falló, qué fue lo que hizo que a ella no le funcionara esa felicidad que ve retratada en los demás, en sus fotos, en sus escritos, en lo que ella se imagina que tienen de perfecto esos extraños. Obsesionada por demostrarse que cualquier existencia es más original, más real y más interesante que la suya. Y cuando todo pasa, cuando llega el dolor de un tropiezo, entonces vuelve la vista atrás y comprende que su experiencia era la que ahora querría encontrar reflejada en sus indagaciones, que ahora ella misma sería ese objeto de deseo, de felicidad anhelada, que imagina en rostros ajenos. Pero ya es tarde, ahora le toca recomponerse, desesperarse, y volver a querer ser como ellos, para volver a quedarse ciega cuando le esté ocurriendo lo que luego deseará no haber perdido.
te llevaré bajo tierra y te enseñaré cómo aman las raíces de los árboles
lunes, 17 de junio de 2013
sábado, 1 de junio de 2013
Princesa Inca
Yo lo miraba como se mira un precipicio
nunca supe si él me miraba como un sueño o un camino
pero qué pasa cuando hemos dejado en la cuneta los versos y la esperanza
mil pájaros de hierro vuelan para despistar el suicidio
los ojos son canicas que entran en el alma
como entra el miedo
viernes, 24 de mayo de 2013
Anne Sexton
EL PECHO
Ésta es su llave.
Ésta es la llave para todo.
Preciosamente.
Soy peor que los hijos del guardabosque,
picoteando en busca de polvo y pan.
Aquí estoy intentando crear perfume.
Déjame tumbarme en tu alfombra,
en tu colchón de paja –lo que tengas a mano–
porque la niña en mí se está muriendo, muriendo.
No es que sea ganado para ser comida.
No es que sea una especie de calle.
Pero tus manos me encontraron como un arquitecto.
¡Jarra llena de leche! Fue tuya hace unos años
cuando habitaba el valle de mis huesos,
huesos bobos en la ciénaga. Pequeñas bagatelas.
Un xilófono quizá, con piel
recubriéndolo todo, torpemente.
Sólo después se volvió algo real.
Después me comparé a estrellas de cine.
Y no estaba a la altura. Algo entre
mis hombros sí lo estaba. Pero nunca suficiente.
Claro, había una pradera,
pero sin ningún joven que cantara la verdad.
Nada con lo que poder distinguir la verdad.
Sabiendo nada de hombres me tumbé junto a mis hermanas
y resurgiendo de las cenizas grité
¡mi sexo será traspasado!
Ahora soy tu madre, tu hija,
tu novedad –un caracol, un nido–.
Vivo cuando están vivos tus dedos.
Visto seda –cubierta para ser descubierta–
porque es en lo que quiero que tú pienses.
Pero para mi gusto es un tejido demasiado severo.
Así que dime lo que quieras pero recórreme como un escalador
pues aquí está el ojo, aquí la joya,
aquí la excitación que el pezón aprende.
Estoy desequilibrada –pero no estoy loca de nieve–.
Estoy loca en el modo en que las niñas están locas,
con una ofrenda, con una ofrenda…
Ardo del mismo modo que el dinero.
Ésta es su llave.
Ésta es la llave para todo.
Preciosamente.
Soy peor que los hijos del guardabosque,
picoteando en busca de polvo y pan.
Aquí estoy intentando crear perfume.
Déjame tumbarme en tu alfombra,
en tu colchón de paja –lo que tengas a mano–
porque la niña en mí se está muriendo, muriendo.
No es que sea ganado para ser comida.
No es que sea una especie de calle.
Pero tus manos me encontraron como un arquitecto.
¡Jarra llena de leche! Fue tuya hace unos años
cuando habitaba el valle de mis huesos,
huesos bobos en la ciénaga. Pequeñas bagatelas.
Un xilófono quizá, con piel
recubriéndolo todo, torpemente.
Sólo después se volvió algo real.
Después me comparé a estrellas de cine.
Y no estaba a la altura. Algo entre
mis hombros sí lo estaba. Pero nunca suficiente.
Claro, había una pradera,
pero sin ningún joven que cantara la verdad.
Nada con lo que poder distinguir la verdad.
Sabiendo nada de hombres me tumbé junto a mis hermanas
y resurgiendo de las cenizas grité
¡mi sexo será traspasado!
Ahora soy tu madre, tu hija,
tu novedad –un caracol, un nido–.
Vivo cuando están vivos tus dedos.
Visto seda –cubierta para ser descubierta–
porque es en lo que quiero que tú pienses.
Pero para mi gusto es un tejido demasiado severo.
Así que dime lo que quieras pero recórreme como un escalador
pues aquí está el ojo, aquí la joya,
aquí la excitación que el pezón aprende.
Estoy desequilibrada –pero no estoy loca de nieve–.
Estoy loca en el modo en que las niñas están locas,
con una ofrenda, con una ofrenda…
Ardo del mismo modo que el dinero.
miércoles, 3 de abril de 2013
martes, 26 de marzo de 2013
Olvido García Valdés
Diré tu nombre para traerte, vendrás
por la raíz, por el humor
del tronco, por los círculos
de tus años, por las hojas
vendrás al cimbrearse
altos los que hablan de ti.
lunes, 11 de marzo de 2013
ISLA CORREYERO
Mi coño eleva el conocimiento que tú le has enseñado. La velocidad y el violento latido de una horca.
Mi coño alimentado por una boca física tiene el oficio azul de ser frágil y exacto.
Flexible y religioso, mi coño es la pirámide de un resplandor de oxígeno que se pone mis bragas.
Tiene quinientos años de elegancia y de músculos
batidero de sangre volada de partículas.
Fluye con tabaco, la cicuta y el whisky, tiene chispas de plata, monedas de cerveza.
Con tu estremecimiento causas en mí palabras que dicen deserciones y dulces animales.
En tu lengua me dices cosas extraordinarias, se me llena la oreja del ardor de los fósforos.
Pasa todo a mi coño, se forman las arrugas, aprende, coronado cómo abrirse las venas.
Tan despierto y profundo como un túnel en llamas, llega al centro, al tugurio de un burdel que se mueve.
Es un párpado oliendo tu medida en centímetros, el aceite de un arma, con una bala de oro.
Extremaución del vértigo que crece en los amantes, mi coño es un estado mental de luz y sombra.
Suda como una sábana. Palpita como un trago. Es móvil terciopelo azul. Báilalo lento.
Por la muerte.
Jode la tristeza.
sábado, 9 de marzo de 2013
Vértigo de amor, vértigo de vacío
que inunda los recovecos, que cobija
el desamparo y lo provoca, vértigo
de cascada y precipicio, de sueños
cumplidos
y sueños olvidados, abismo insondable
por no saber, por saber demasiado…
El poder de la libertad es venenoso
y los precipicios van creciendo entre
los brazos
y el deseo de recorrer tanto, de amar
hasta la lágrima,
heridas que sanan, cicatrices de cera
en las pestañas,
ojos que ya no miran, borrosas visiones
en el miedo cotidiano que circula…
Desconocida que pasea y que recuerda
siempre con un tic tac tic tac
taladrando los pasos, agujereando los
oídos,
soledad y cobardía en el terremoto
de la nada, sucumbe al hastío, llora
mas no sirve de nada porque
ya conoce el camino de regreso
y no quiere tomarlo.
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